miércoles, 26 de febrero de 2014

Capítulo 2 - ¿Tom?

Tras una mañana de estudio y cansancio, al fin llegué a mi casa. Dejé la mochila en el suelo de mi habitación y me dirigí hacia la cocina.

«Genial, estoy sola» 

Volví de nuevo a mi habitación y abrí el bolsillo pequeño de mi bolsa, sacando así un bocadillo de jamón para comer. Me lo había comprado Kelly, ya que la había dicho que me había dejado el dinero en casa, ella solo soltó un «mira que eres despistada, Anna». 

En la cocina, lo partí por la mitad, medio me lo comí yo y el otro medio se lo dejé a mis padres. Siempre me han dicho que me tome la mayor parte yo, ya que como soy más joven, pues hay tendencia a aguantar menos.

Al acabar de comerme el medio bocadillo solitariamente, hojeé mi agenda, a ver qué deberes tenía para esta semana. Para mañana, el trabajo de sociales: la revolución francesa. Genial, hoy tendría una larga tarde, encerrada entre las cuatro paredes de la biblioteca.

Saqué un papel para reutilizarlo, y escribí unas simples palabras para mis padres:

«Mamá, papá, estaré en la biblioteca haciendo el trabajo. Por cierto, aquí os dejo el resto del bocadillo, Os quiero.
-Anna».

Puesto esto, partí hacia la biblioteca, con todo lo necesario dentro de mi mochila, esta colgando de mi hombro derecho.

No quedaba a mucho camino de mi casa, tan solo tenía que bajar bastante la calle y ya estaba.
Tras un par de minutos de andar, llegué a un gran edificio que solía ir algunos fines de semana. Un sitio repleto de libros de todo tipo.

Vagué por los diferentes pasillos de la biblioteca, hasta que llegué a una estantería repleta de libros de historia, entre ellos un par de la revolución francesa. Tomé los que creí más importantes y me los llevé a una de las vacías mesas que había al lado de donde me situaba.

Me pasé gran parte de la tarde hojeándolos y tomando apuntes en una de mis libretas que había traído. Más tarde, decidí subir a la segunda planta, donde esta contenía un par de ordenadores.

Me senté en el único asiento que quedaba libre y seguí averiguando sobre la revolución francesa.
El reloj marcaba las ocho, mi trabajo prácticamente estaba terminado, tan solo debía retocarlo en casa. Agarré mi mochila y la dejé colgando de mi hombro derecho, como ya era habitual.

Caminaba por las solitarias y oscuras calles de la ciudad. Entonces oí unos pasos, que con rapidez se iban acercando a mí. Me giré hacia el sonido, ¿pero qué había? nada, no había nada, tan solo más oscuridad. Seguí mi camino, intentándole darle la menor importancia a lo que había ocurrido, pero volví a escuchar esas pisadas detrás mía; mi único remedio fue correr.

Cazada por el miedo y la desesperación, huía por las -ahora temerosas- calles.

-No huyas... - eso fue lo único que pude auscultar, antes de alcanzar la velocidad máxima que permitían mis pies.

Algún ser más alto que yo, consiguió alcanzarme, me agarró y me dejó inmóvil, acurrucándome en una esquina. Le daba la espalda, lamentablemente no podía conseguir verle el rostro.
Intenté pegar un chillido, pero él me lo impedía, poniendo su mano en mi boca. La tenía fría y muy fuerte.

Una lágrima salvaje nació involuntariamente en mis ojos, se deslizó por mi mejilla y terminó en la mano de aquel desconocido que impedía mi huída.

-No está bien lo que haces, Anna...

Su ronca voz oí, provocándome un escalofrío que viajó por toda mi espina dorsal. Jadeé. No podía hablar, no podía huír, no podía... El miedo me comía por dentro y por fuera. Me sentía tiesa, demasiado tiesa, era como si mis músculos estuvieran rígidos, mis pulmones se hubieran parado y tan solo podía escuchar su ronca voz.

-Te he visto Anna, te he visto - añadió, a lo que yo me estremenecí más de lo que estaba - ¿Crees que robar una cadena de tu mejor amiga está bien?

Tan solo pude negar con la cabeza, era lo único que él me permitía. Ahora mismo, tenía poder sobre mí, podía dañarme, violarme, lo que él quisiera. Los pensamientos que divagaban por mi mente, no hacían más que abrumarme constantemente, haciéndome crear más lágrimas todavía.

-Ahora... retiraré mi mano. No grites, ni un chillido, no te va a ocurrir nada, puedes tranquilizarte.

Asentí levemente mientras su fría mano se quitaba lentamente de mi boca.

-Yo no he robado nada - dije, recobrando mi seguridad.

-Entonces, ¿de quién es esta hermosa cadena?

Su fuerza se fue debilidando lentamente, permitiéndome así darme la vuelta, para contemplar la cadena que yo le había robado a Kelly. Una capucha negra tapaba su pelo, y el comienzo de los ojos. Me superaba un par de centímetros en cuanto altura, así que levanté levemente mi cabeza, para tener una mejor visión de su rostro.

-¿T...om? - balbuceé.

Él era uno de los chicos de mi clase, con cierta popularidad en esta. Las únicas veces que habíamos hablado eran cuando alguna vez nos habían emparejado para hacer juntos algún trabajo, después de eso, ninguno existía en la vida del otro.

-¿Cómo puedes pensar eso de mí? Yo nunca he hecho tal terrible cosa. ¿Podrías devolverme mi cadena, por favor? - pregunté amablemente recobrando la compostura de niña inocente, la chica buena a los que todos estaban acostumbrados desde hacía años.

-Anna...

Su voz se paró, al notar como gotas de agua nos empezaban a mojar.

-Será mejor que nos vayamos, Anna.

-Iré a casa.

-No, vendrás a la mía. Esta conversación todavía no terminó.

Intenté discutir, pero era demasiado tarde, ya me había tomado de la mano y me hacía correr a través de la lluvia.

Capítulo 1 - Una pequeña cadena.

Yo no era invisible, ni tampoco popular. Era una más en mi instituto, pero especial. En mi clase era la más tímida, la más buena e inocente, o eso hacía creer y eso lograba. Todo el mundo era amable conmigo, confiaban en mí, y eso era un punto a mi favor.

Debía reconocer que tenía un cierto poder en el instituto: hacer todo tipo de gamberradas sin ser pillada y jamás sospecharían de mí, seguramente sería la última en la lista.

Nada más salir por la puerta de mi habitación, fui hacia el pequeño aseo que poseíamos en nuestro pequeño piso. Me aseé y volví a mi dormitorio, donde me vestí con lo primero que vi, unos vaqueros y una sudadera lisa color gris. No tenía mucho para elegir, ya que solo poseía dos vaqueros, mi hermosa sudadera, un par de camisetas, mi única y preferida chaqueta, mis pantalones de chándal y por último, mis apreciadas converse y por otra parte tenía mis manoletinas, un regalo por parte de mi tía, que hacía meses que no la veía.

Salí de mi habitación y pasé por la habitación de mis padres, donde estaban acabando de vestir. Ninguno de los dos poseía un trabajo fijo, les iban llamando en función de que les necesitaran, se puede decir que funcionaban como sustitutos.

-Adiós - me despedí, agitando la mano en su dirección.

Ellos se giraron a la vez y mi madre vino a abrazarme. Besó mi frente y después volvió a abrazarme.

-¿Tienes el euro para comprarte el bocadillo? - me preguntó. Yo solamente asentí.

-No lo necesito, mamá, créeme. Resérvalo para comprar un pan u otro tipo de comida, confía en mí.

Saqué el euro de mi mochila y se lo tendí, ella lo tomó y me miró con desconfianza. Hecho esto, salí de su habitación y finalmente de casa, sin desayunar, como ya era habitual.

Bajé por el ascensor y me dirigí hacia el instituto, donde ya iba a tercero de la E.S.O. Para mi suerte, había salido quince minutos antes de las ocho, como ya era ordinario, ya que era lo que tardaba en llegar al instituto.

Era una de las más inteligentes y sobretodo listas de mi clase, por no decir la que lo era más. Solía sacar mayoritariamente sobresaliente al final de cada trimestre, los profesores me describían como una alumna 10, gracias a mi bondad y por ser una de las "empollonas" -así lo llamaba yo-, era cierto y no me desagradaba, ya que prefería ser así a ser una completa fracasada.

Mis padres deseaban el mejor futuro para mí, querían que aprovechara mi inteligencia y así haría.
Finalmente, entré en el instituto y subí a mi clase, que esta ya se encontraba abierta al igual que las demás. Me senté en la última fila como solía hacer siempre, o la mayoría de veces. Muchos compañeros míos conversaban entre ellos antes de que empezara la clase, al contrario de mí, que estaba sentada en mi silla en silencio. Observaba todos los movimientos y acciones de todas las personas que se encontraban ahora en el aula. Lamentablemente, tenía que robar algo.
Odiaba tener que hacer eso, pero era esencial porque si no, dudo que bastaría lk poco que ganaban mis padres.

Robaba tanto dinero como obsequios de valor, como por ejemplo, el oro, pero lamentablemente, eran pocas las veces que llevaban pulseras hechas con eso ya que desde que las comencé a robar las llevaron menos, para prevenir. También, es algo difícil de quitar.

-¡Anna! - oí una voz a mi izquierda.

Giré mi cabeza hacia la voz femenina que me había llamado con cierto entusiasmo. A mi izquierda se encontraba la que en teoría era mi mejor amiga: Kelly Page.

Ella era preciosa por así decirlo, o al menos era lo que creía yo. Kelly tenía las piernas delgadas y largas, después unas hermosas curvas. Sus fracciones eran hermosas, tenía una tez limpia y bonita, con unos ojos marrón claro, al igual que su cabello que llegaba casi hasta su cintura.

-Hola Kelly - la saludé sonriendo.

A pesar de ser mejores amigas, ella no se salvaba de que algo suyo desaparecía, sobretodo en su casa. Cuando nos reuníamos ella y yo con un par de amigas más, siempre desaparecía algún objeto con cierto valor pero después cuando iba yo sola a su casa a pasar la noche no se esfumaba nada. Eran esas noches donde me mantenía tranquila, ya que sino, sus padres sospecharían de mí.

Mis progenitores a veces me preguntaban que cómo sacaba dinero, ya que yo solía vender los objetos que cogía a un chico demasiado desconocido para mí, yo solamente respondía que me los encontraba por la calle y que la suerte estaba en mi lado (algo que dudo que se creyeran). A veces, simplemente ponía el dinero en su cartera.

-¿Has hecho lo de lengua? - me preguntó sentándose en la misma silla que yo, claramente tuve que hacerme a un lado para que ella cabiera.

Mientras asentía, bajé la mirada hacia sus pantalones, donde había una pequeña cadena de imitación a oro, es decir, oro falso, pero algo de dinero sacaría. Sinceramente, no sé por qué no la llevaba puesta.

-Déjamelo copiar porfi, porfi - me habló con tono de súplica.

Rodé los ojos mentalmente y saqué mi cuaderno de lengua y se lo di. Ella seguía a mi lado, copiando el trabajo que había hecho. Sinceramente, odiaba que lo hiciera, pero a cambio recibía otras cosas por parte suya, como por ejemplo la pequeña cadena que le había cogido, sin que ella se diera cuenta y menos mis otros compañeros que estaban sentados mirando hacia delante, ya que la profesora acababa de entrar. La robé en el tiempo justo, como hacía siempre.

Kelly acabó levanándose con la mayor rapidez posible para sentarse en su sitio. Yo disimuladamente guardé su pequeña cadena lo más escondida posible, en un bolsillo pequeñito secreto que contenía mi mochila.

Empezaba a pensar que era una experta en esto.

martes, 18 de febrero de 2014

Sinopsis.

Era la chica inocente y buena de la clase, o al menos eso era lo que todos pensaban, pero no era así.
Ella estaba obligada a robar todo lo que podía sin que nadie sospechase, ya que venía de una familia humilde y que a penas tenían para comer.

Todo el mundo se daba cuenta de que una serie de robos pasaban a menudo, pero ellos jamás desconfiarían de Anna Kennedy.

Su inocencia engañaba.

¿Pero qué pasaría si un día su secreto saliera a la luz? Su vida estaría en peligro si eso ocurriera.