miércoles, 26 de febrero de 2014

Capítulo 1 - Una pequeña cadena.

Yo no era invisible, ni tampoco popular. Era una más en mi instituto, pero especial. En mi clase era la más tímida, la más buena e inocente, o eso hacía creer y eso lograba. Todo el mundo era amable conmigo, confiaban en mí, y eso era un punto a mi favor.

Debía reconocer que tenía un cierto poder en el instituto: hacer todo tipo de gamberradas sin ser pillada y jamás sospecharían de mí, seguramente sería la última en la lista.

Nada más salir por la puerta de mi habitación, fui hacia el pequeño aseo que poseíamos en nuestro pequeño piso. Me aseé y volví a mi dormitorio, donde me vestí con lo primero que vi, unos vaqueros y una sudadera lisa color gris. No tenía mucho para elegir, ya que solo poseía dos vaqueros, mi hermosa sudadera, un par de camisetas, mi única y preferida chaqueta, mis pantalones de chándal y por último, mis apreciadas converse y por otra parte tenía mis manoletinas, un regalo por parte de mi tía, que hacía meses que no la veía.

Salí de mi habitación y pasé por la habitación de mis padres, donde estaban acabando de vestir. Ninguno de los dos poseía un trabajo fijo, les iban llamando en función de que les necesitaran, se puede decir que funcionaban como sustitutos.

-Adiós - me despedí, agitando la mano en su dirección.

Ellos se giraron a la vez y mi madre vino a abrazarme. Besó mi frente y después volvió a abrazarme.

-¿Tienes el euro para comprarte el bocadillo? - me preguntó. Yo solamente asentí.

-No lo necesito, mamá, créeme. Resérvalo para comprar un pan u otro tipo de comida, confía en mí.

Saqué el euro de mi mochila y se lo tendí, ella lo tomó y me miró con desconfianza. Hecho esto, salí de su habitación y finalmente de casa, sin desayunar, como ya era habitual.

Bajé por el ascensor y me dirigí hacia el instituto, donde ya iba a tercero de la E.S.O. Para mi suerte, había salido quince minutos antes de las ocho, como ya era ordinario, ya que era lo que tardaba en llegar al instituto.

Era una de las más inteligentes y sobretodo listas de mi clase, por no decir la que lo era más. Solía sacar mayoritariamente sobresaliente al final de cada trimestre, los profesores me describían como una alumna 10, gracias a mi bondad y por ser una de las "empollonas" -así lo llamaba yo-, era cierto y no me desagradaba, ya que prefería ser así a ser una completa fracasada.

Mis padres deseaban el mejor futuro para mí, querían que aprovechara mi inteligencia y así haría.
Finalmente, entré en el instituto y subí a mi clase, que esta ya se encontraba abierta al igual que las demás. Me senté en la última fila como solía hacer siempre, o la mayoría de veces. Muchos compañeros míos conversaban entre ellos antes de que empezara la clase, al contrario de mí, que estaba sentada en mi silla en silencio. Observaba todos los movimientos y acciones de todas las personas que se encontraban ahora en el aula. Lamentablemente, tenía que robar algo.
Odiaba tener que hacer eso, pero era esencial porque si no, dudo que bastaría lk poco que ganaban mis padres.

Robaba tanto dinero como obsequios de valor, como por ejemplo, el oro, pero lamentablemente, eran pocas las veces que llevaban pulseras hechas con eso ya que desde que las comencé a robar las llevaron menos, para prevenir. También, es algo difícil de quitar.

-¡Anna! - oí una voz a mi izquierda.

Giré mi cabeza hacia la voz femenina que me había llamado con cierto entusiasmo. A mi izquierda se encontraba la que en teoría era mi mejor amiga: Kelly Page.

Ella era preciosa por así decirlo, o al menos era lo que creía yo. Kelly tenía las piernas delgadas y largas, después unas hermosas curvas. Sus fracciones eran hermosas, tenía una tez limpia y bonita, con unos ojos marrón claro, al igual que su cabello que llegaba casi hasta su cintura.

-Hola Kelly - la saludé sonriendo.

A pesar de ser mejores amigas, ella no se salvaba de que algo suyo desaparecía, sobretodo en su casa. Cuando nos reuníamos ella y yo con un par de amigas más, siempre desaparecía algún objeto con cierto valor pero después cuando iba yo sola a su casa a pasar la noche no se esfumaba nada. Eran esas noches donde me mantenía tranquila, ya que sino, sus padres sospecharían de mí.

Mis progenitores a veces me preguntaban que cómo sacaba dinero, ya que yo solía vender los objetos que cogía a un chico demasiado desconocido para mí, yo solamente respondía que me los encontraba por la calle y que la suerte estaba en mi lado (algo que dudo que se creyeran). A veces, simplemente ponía el dinero en su cartera.

-¿Has hecho lo de lengua? - me preguntó sentándose en la misma silla que yo, claramente tuve que hacerme a un lado para que ella cabiera.

Mientras asentía, bajé la mirada hacia sus pantalones, donde había una pequeña cadena de imitación a oro, es decir, oro falso, pero algo de dinero sacaría. Sinceramente, no sé por qué no la llevaba puesta.

-Déjamelo copiar porfi, porfi - me habló con tono de súplica.

Rodé los ojos mentalmente y saqué mi cuaderno de lengua y se lo di. Ella seguía a mi lado, copiando el trabajo que había hecho. Sinceramente, odiaba que lo hiciera, pero a cambio recibía otras cosas por parte suya, como por ejemplo la pequeña cadena que le había cogido, sin que ella se diera cuenta y menos mis otros compañeros que estaban sentados mirando hacia delante, ya que la profesora acababa de entrar. La robé en el tiempo justo, como hacía siempre.

Kelly acabó levanándose con la mayor rapidez posible para sentarse en su sitio. Yo disimuladamente guardé su pequeña cadena lo más escondida posible, en un bolsillo pequeñito secreto que contenía mi mochila.

Empezaba a pensar que era una experta en esto.

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